La innivación artificial hace posible la temporada en las estaciones de esquí turolenses.

Así se cultiva el oro blanco.

Diario de Teruel. Domingo, 30 enero 2011

ELISA ALEGRE/ Valdelinares

 

 

Si Teruel tiene sus minutos de gloria en los informativos nacionales con los muchos grados bajo cero, cuando el invierno es más cálido las estaciones de esquí de la provincia cobran protagonismo porque en ellas hay nieve cuando falta en las grandes cimas. No es algo casual. Detrás está el trabajo que cada día del año realizan los nivocultores, unos profesionales que viven atentos al frío, la humedad, la tecnología y las predicciones metereológicas para conseguir que los esquiadores encuentren en la comarca Gúdar-Javalambre la nieve que buscan. Así se cultiva el oro blanco del sur de Teruel.

 

En las estaciones de esquí tiene que haber nieve, aunque no haya nevado, y especialmente en los puentes, navidades y fechas en las que un tiempo cálido echa por tierra las ganas de los esquiadores de Levante de echarse a la carretera para disfrutar de la estación que tienen a poco más de una hora de camino, y con ello, las expectativas del sector turístico de la comarca.

 

¿Cómo asegurarlo? Gracias al trabajo de los agricultores del mundo moderno, que se dedican a recrear las condiciones de la naturaleza, siempre que ésta se deje, para no tener que bailar cada invierno según el capricho del tiempo. Francisco Monforte explica con soltura cómo funciona este engranaje, un encaje de bolillos en el que la técnica se pone al servicio del hombre, pero siempre es éste el que debe velar porque cada pieza funcione a su tiempo.

 

A lo largo de las pistas hay más de un centenar de cañones, las herramientas principales para cultivar la nieve. “En un cañón metemos agua y aire comprimido. En la cabeza se juntan y cuando se expande el aire comprimido creamos el cristal, al que llamamos núcleo”, explica Francisco. A partir de este primer cristal crecerá la nieve: “Cuanto más frío hace, más humedad le podemos meter a ese núcleo para que se haga más grande”.

 

No vale solo frío. La temperatura que relaciona frío y humedad, es la que marca aquí los tiempos. “Si hace poco frío se queda como en su origen y si no, le vamos metiendo más humedad, más cantidad de agua por el cañón y así se hace más grande el cristal”.

 

 

Imitar la naturaleza

 

Como en casi todo, el proceso imita a la naturaleza. En la nube un núcleo puede ser una partícula de polvo, una partícula de suciedad, por ejemplo, porque el agua pura nunca puede producir un núcleo. Y el tamaño del cristal es lo que en la naturaleza son pequeñas estrellas o copos gordos, según la humedad y la altura desde la que caen.

 

El proceso está plenamente informatizado. Paco lo explica desde la sala donde están las dos pantallas en las que de un vistazo ve el trazado de todas las pistas y el lugar donde están colocados los cañones. Desde ahí, con unos toques de ratón, puede activarlos. Desde ahí o desde casa con un ordenador que tenga el programa específico y conexión a internet.

 

El ordenador chiva si las condiciones de humedad y temperatura son las adecuadas. Pero la información va en dos sentidos: “No solo mando yo la orden para que se abran los cañones sino que también recibo información de todo lo que pasa en el interior del tubo de agua o de aire”. Y esa información, llega a gran velocidad gracias a las últimas inversiones realizadas en estos dispositivos.

 

 

 

Cañones de nieve trabajando en la estación de esquí de Javalambre (Sur de Teruel).

 

 

Todo el verano para subir el agua

 

Es el inicio y el elemento fundamental. Conseguir el agua necesaria para la producción de nieve y mantenerla de una manera adecuada a las necesidades de la innivación suponen buena parte del trabajo de los nivocultores  fuera de la temporada invernal.

 

En la estación de esquí de Valdelinares la buscan bajo tierra, concretamente de tres pozos. Primero tienen que subirla desde el subsuelo 200 metros a una estación intermedia y luego bombearla otros 300 metros hasta la estación. El sistema de extracción permite bombear unos 1.100 metros cúbicos diarios.